Temario
Introducción
1. El concepto de Filosofía Naturalista
2. Naturaleza y Conocimiento
3. La filosofía del Lenguaje
4. Los métodos científicos
5. La aportación de la Psicología Naturalista
6. Psicología y Educación
7. Ciencia y Arte
8. Ética Naturalista

1.4 Naturalismo, ¿a qué se opone?

El naturalismo también se puede definir negando lo contrario; es decir, diciendo aquello que no es. En este sentido, quiero poner a la consideración de los participantes en el seminario, el escrito que se encontró sobre el escritorio de J.R. Kantor (1888-1984) cuando murió: «Ningún espíritu, espectro, duende, noúmeno, superstición, trascendentalismo, misticismo, vinculo invisible, creador supremo, ángel, demonio» (Ribes, E., 1984. Obituario: J.R. Kantor. Revista Mexicana de Analisis de la Conducta. 10, 15-36)

De este testamento cabe destacar el significado del concepto de noúmeno por su doble implicación filosófica y psicológica. «Noúmeno: en la filosofía de Kant, por oposición a fenómeno, el objeto del entendimiento, pensado éste como real e incluso como condición de la posibilidad del conocimiento fenoménico, pero que queda fuera de toda experiencia sensible posible» (Traducción de la Enciclopedia Catalana).

La filosofía ha generado, evidentemente, conceptos de este tipo. Muchos de ellos, de índole o alcance psicológico; como es el caso de ese concepto de noúmeno. También otras ciencias han generado conceptos de este tipo y, también, presumiendo que describen o explican realidades psicológicas. La biología, particularmente ha puesto en circulación conceptos que refieren centros y mecanismos cerebrales-mentales de imposible contrastación funcional. Tal es el caso de los llamados centros de memoria o de decisión o de control emocional, y mecanismos como el reloj biológico. El grueso de esos conceptos, sin embargo, proviene de supuestos y creencias ancestrales que llegan de la mano de las religiones, de las creencias culturales y de las tradiciones orales y escritas. Kantor, en el escrito referido, refiere sobretodo esos conceptos. A mi entender, sin embargo, la oposición naturalista a los conceptos espurios se desarrolla actualmente en el terreno de las ciencias que tratan de explicar la naturaleza humana. De ello hablaremos en este seminario.

Frente a ese hecho de la creación de entidades y supuestos, especialmente de índole psicológica, se puede afirmar que los conductistas —como Kantor— han sido los psicólogos naturalistas más destacados. Lo han sido porque, más allá de cualquier otro tema o polémica, fueron los que se definieron más claramente por su intención de crear una teoría psicológica en la que sus conceptos mantuvieran la máxima correspondencia con fenómenos observables y contrastables. Ello me lleva de nuevo a la idea de que el naturalismo, más que definirse en el terreno de los contenidos, se define en el terreo de los métodos. O por decirlo así, asume que existe una única realidad natural pero se centra sobre todo en una exigencia metodológica para conocerla.

Se podría decir, como idea general, que el naturalismo se opone a los conceptos espurios y vacíos, particularmente a los que significan la creación de entidades transcendentes, sobrenaturales o pertenecientes a un supuesto mundo inalcanzable para al conocimiento.

Josep Roca i Balasch

21 comentarios:

Rich dijo...

Un saludo a todos los seminaristas:

De este primer capítulo me han surgido algunas inquietudes que quisiera compartir con ustedes.

El prof.Roca caracteriza al naturalismo en oposición a una concepción ontológica (sobrenaturalismo o trascendentalismo) con implicaciones epistemológicas claras: la inalcanzabilidad epistémica. Sin embargo, en el momento de buscar una definición positiva del mismo, se plantea: "el naturalismo, más que definirse en el terreno de los contenidos, se define en el terreno de los métodos"; "asume que existe una única realidad natural pero se centra sobre todo en una exigencia metodológica para conocerla"; "el naturalismo es una ética de conocimiento. Es un compromiso con la verdad y una denuncia de lo impropio que resulta el crear conceptos desconectados de la realidad de las cosas". De este modo, veo algunas opciones de caracterización:

1) ¿Se caracteriza como una postura ontológica con implicaciones metodológicas/epistemológicas y éticas? Si así fuera, en qué se diferencia del realismo, si su principal afirmación ontológica es que "existe una única realidad natural"? ¿Sería un tipo de realismo? ¿Cuál de todos? ¿O en qué es diferente de los que existen?

2) ¿Se caracteriza como una postura metodológica/epistemológica vinculada con una teoría de la verdad ("verdad por correspondencia") y esto sería un derrotero ético? Las implicaciones ontológicas de tal compromiso lleva en últimas a la pregunta por el estatus óntico del comportamiento (ya que terminaremos en éste en algún momento). ¿El comportamiento es una entidad real? Si así fuera, ¿es un universal cuyo conocimiento debe ser correspondiente a sus propiedades? ¿no sería este tipo conceptos, que remiten a entidades reales con propiedades inherentes, de las que trata de escapar el naturalismo? ¿qué tipo de existencia se puede predicar entonces del comportamiento?

Si el naturalismo es ambas cosas, entonces considero que sería útil ubicarlo en relación con el realismo, con el supuesto de verdad por correspondencia, precisando cuáles serían sus dependencias y diferencias.

Un último punto que me llama la atención es ¿por qué el profesor no caracterizó al naturalismo apoyándose en la forma como Aristóteles caracterizó lo natural en Física y Metafísica, conociendo sus afininades con el filósofo? ¿Por qué no argumentar así mismo que el materialismo desde la concepción aristotélica no tiene sentido, por la condicionalidad inexorable de la materia a la forma?

Qué bien tener el espacio del blog y el seminario.
Muchas gracias.

Josep Roca i Balasch dijo...

Rich redimensiona el tema del naturalismo al contrastarlo con otros conceptos como el de realismo y al pedir un posicionamiento sobre temas como el de comportamiento. Un texto de Maimonides (El régimen de la salud. Córdoba: Ediciones El Almendro) me introduce en el tema de la relación entre naturalismo y realismo:

“Los filósofos, en sus libros científicos escribieron mucho sobre la necesidad de adquirir y mejorar la virtud y las cualidades del alma, pues de ellas se derivan buenos actos” (p.79)

“El hombre consigue esta disposición del alma por el examen de la verdad de las cosas y el conocimiento de la naturaleza de la realidad” (p.30)

Desde que leí este texto siempre pensé que los dos conceptos de naturaleza y realidad se necesitaban mutuamente y que uno ayudaba al otro. Creo que, en este texto, realidad es sinónimo de material —en el sentido de lo que ocupa extensión y es tangible, sensible y mesurable— y naturaleza lo es del entramado funcional que anima aquella realidad extensa. Esto lo interpreto así, por lo que he dicho en el comentario de la sección 1.3 y teniendo en cuenta la dependencia teórica aristotélica de Maimónides. El texto, sin embargo, es sugerente respecto de una cuestión más general y es que, más allá de las palabras y los calificativos que aplicamos a diferentes discursos, hay un tema fundamental: conocer mejor.

En este contexto, considero el realismo filosófico como una posición epistemológica contraria al idealismo y que, en este seminario, está bien representado por el autor citado, por Kantor, también por Turró y, por supuesto, por Bunge. Todos ellos tienen en común esa idea de conocer como ajustarse a la realidad de las cosas, hacerlo con la máxima correspondencia con esa realidad y evitar las creaciones imaginativas alejadas de esa realidad.

El naturalismo sería la afirmación de una única realidad natural y, en este sentido, opuesto al trascendentalismo y al dualismo, y el realismo sería un término que pondría el énfasis en el compromiso con aquellas formulaciones cognoscitivas que se ajustan a la realidad de las cosas y que se oponen a las creaciones fantasiosas del habla y del lenguaje. Las dos palabras definen aspectos del ideario que nos interesa potenciar. Por supuesto que no tiene ningún sentido defender el concepto de realismo como opuesto a nominalismo y que consistió en afirmar que los universales —los géneros y las especies— existen como esencias a parte, no reducibles a los conceptos intelectuales ni a las palabras que las expresan. Por lo que dice Rich, debe haber otros sentidos de realismo pero habría que verlos uno por uno.

Naturalismo y realismo, por otra parte, tienen su equivalente en el mundo del arte y sus significados allí pueden ayudar a definir también su uso en ciencia y filosofía.

Pero el tema fundamental, para mí, se formula actualmente teniendo en cuenta la definición de ciencia y la propuesta de una psicología científica. Quiero decir: la cuestión no está en el marco filosófico referencial en el que sitúo un ideario, sino en si lo psíquico es natural y la psicología puede ser, y se plantea como, una ciencia natural al interior de la ciencia general. Porque dependiendo de cómo se resuelvan las cuestiones psicológicas, tenemos un realismo u otro y un naturalismo u otro. En este sentido, el tema clave es el compromiso con el avance de la ciencia hacia el terreno de lo psíquico y lo social. Éste es el planteamiento con el que yo trabajo.

Cuando pensé en organizar este seminario, antes incluso de hablarlo con Carlos Mario, pensé en un diálogo para definir el ideario naturalista más que en definirlo yo. Pensé también en la idea que la filosofía y la cultura, en general, han generado calificativos y clasificaciones que son productos muertos —como diría Kantor— de discursos que han sido vivos. Naturalismo, Materialismo, Realismo, Positivismo, Contextualismo, Funcionalismo, Conductismo y otros términos, podrían caracterizar el ideario naturalista, pero hacerlo no me sería tampoco satisfactorio. Porque el tema es que una corriente de pensamiento es algo dinámico, con límites conceptuales cambiantes según el momento cultural y, particularmente, científico de cada sociedad. Por eso, en este momento, llego a la conclusión de que el naturalismo es la interpretación en curso que nos lleva a la “verdad de las cosas” —como dice Maimónides en el texto citado arriba— pero de mano de la ciencia natural general y no tanto de los discursos filosóficos.

Es por esta razón que, después de mostrar la importancia de algunos filósofos del lenguaje en su crítica a los discursos científicos y, particularmente, a los psicológicos, planteo qué hace actualmente la ciencia para conocer la naturaleza de la realidad. Es en este contexto en el que el concepto de conducta debe ser analizado y también cualquier propuesta de retomar los conceptos de materia y forma aristotélicos.

Carlos Mario Cortés H. dijo...

Me parece muy afortunada la propuesta del profesor Roca de tener en mente que «una corriente de pensamiento es algo dinámico», pues la considero una invitación a aflojar nuestra dependencia de viejos discursos que se hacen insensibles al desarrollo del conocimiento y de la humanidad. Donald Davidson (2003), en consonancia con esto, propone rechazar ‘el realismo’ «en la medida en que [éste] no es sino la versión ontológica de una teoría de la [verdad por] correspondencia» y «no puede hacerse que esa [noción de] correspondencia resulte inteligible» (pp. 255-256). Este autor sostiene que hablar en términos de ‘correspondencia’ y de ‘realismo’ para oponerse a las vertientes idealistas, o subjetivistas en general, es desafortunado porque es una contraposición que sigue atada a lo que él llama el tercer dogma del empirismo: la dualidad esquema-contenido (Davidson, 2001).

Como diría Richard Rorty (2001 [1979]), sea que se hable de Alma, de Mente o de Lenguaje, si alguna de estas ‘entidades’ se va a contraponer a una supuesta realidad de naturaleza esencialmente distinta a la de ellas, siempre se estará jugando en términos de una epistemología dualista que implica un abismo insalvable —epistémico u ontológico— entre lo que conoce y lo conocido. La alternativa es, pues, asumir una perspectiva darwiniana del conocimiento según la cual nuestro uso de sonidos y de marcas complejas es un instrumento para la coordinación de las actividades grupales y no una forma tributaria de entrar en contacto con la Realidad (Rorty, 1997). Creo que ésta es una consecuencia natural de la genealogía propuesta por Darwin, la cual es valorada por el mismo Roca (1996) como afortunada y como un espíritu académico digno de preservar.

Es en este sentido que entiendo la respuesta de Roca al comentario que Ribes (1997) hace a Movimientos y Causas: Manifiesto para una psicología natural (Roca, 1997a). En dicha respuesta, Roca afirma que «cada palabra tiene su sentido denotativo y connotativo en un determinado momento socio-científico» (p. 25), lo que es, a mi entender, un reconocimiento de la dependencia de los discursos respecto de las necesidades humanas contingentes a los cambios históricos, esto es, aquella perspectiva darwiniana que defiende Rorty. Más allá de esta coincidencia, lo que deseo resaltar es el principio teórico de la finalidad como eje central de los discursos de Roca y de Rorty, los cuales son, o pueden ser, nutridos por aquellas críticas davidsonianas a las posiciones subjetivistas y objetivistas que discuten en términos de ‘lo real’, ‘lo aparente’, ‘la verdad’, ‘la correspondencia’, ‘el conocimiento’ y ‘la opinión’, entre otros. Creo que cuando Roca afirma que «las palabras […] sólo son indicios para una mejor orientación respecto de los fenómenos» (1997b, p. 26) está superando estas distinciones tradicionales apegadas a la imagen especular del conocimiento. Así, dado que «en lo que estamos interesados es en construir un cuerpo teórico para la psicología que sea sólido y que permita una producción teórica útil a la sociedad actual y, en ese empeño, utilizamos las palabras como utensilio de una interpretación renovada de los fenómenos psicológicos o naturales, en general» (p. 26), apelar a ‘la correspondencia con la realidad’ como justificación de un discurso es una valoración inocua del mismo.

Creo, pues, que la definición del naturalismo debe quedar, así, desligada de aquellas viejas ideas y entenderse en el sentido ‘light’ y negativo de anti-sobrenaturalismo (cf. esta serie de entradas del blog de Santiago Sánchez-Migallón: I, II y III ), junto con la máxima ‘todo es natural’. Es, en últimas, un intento académico de disipar la bruma de misterio que ha rodeado a aquellos fenómenos que se resisten al entendimiento y una integración natural de todo lo que se da bajo el sol. Esto no supone la asunción de una ontología o una epistemología particular, sino la evaluación que cualquier discurso en relación con la máxima holista.


Donald, D. (2001) ‘Sobre la idea misma de un esquema conceptual’ [1974]. En De la verdad y de la interpretación. Barcelona: Gedisa.

Davidson, D. (2003) ‘Epistemología y Verdad’ [1988]. En Subjetivo, Intersubjetivo, Objetivo. Cátedra

Ribes, E. (1997) ‘Comentario a ‘Movimientos y Causas: manifiesto para una psicología natural’ de Josep Roca i Balasch’. En Acta ComportamentaliaVol. 5, N° 1, pp. 17-24.

Roca, J. (1996) ‘Desarrollo y causalidad’. En S. Bijou y E. Ribes (eds) El desarrollo del comportamiento, pp. 9-30. México: Universidad de Guadalajara.

Roca, J. (1997a) ‘Movimientos y Causas: Manifiesto para una psicología natural’. En Acta ComportamentaliaVol. 5, N° 1, pp. 5-16.

Roca, J. (1997b) ‘Respuesta al comentario de Emilio Ribes’. En Acta ComportamentaliaVol. 5, N° 1, pp. 25-29.

Rorty, R. (1997) ‘Un mundo sin sustancias o esencias’. En ¿Esperanza o Conocimiento? Una introducción al pragmatismo. Buenos Aires: FCE.

Rorty, R. (2001 [1979]) La filosofía y el espejo de la naturaleza. Madrid: Cátedra.

Ricardo dijo...

Quisiera comenzar señalando que la propuesta del profesor Roca me parece auténticamente interesante y por tanto, el ánimo de discusión y crítica tiene como contexto tal interés.

Entiendo en la respuesta del prof. Roca que acepta una sintonía entre el naturalismo y el realismo pero que prefiere no comprometerse con una escuela filosófica particular que defina un marco referencial de su ideario, sino en su lugar, ir definiendo lo que serían los trazos básicos de su forma de concebir el naturalismo. Así, de este modo, su conclusión más sencilla en el momento es que éste sería una "interpretación en curso que nos lleva a la "verdad de las cosas"". A esta conclusión se suma el comentario de Carlos Mario de quedarnos con una definición "light" del naturalismo y en negativo, como anti-sobrenaturalismo. Mis comentarios iniciales tienen que ver con estos puntos.

Las ventajas de asumir tal actitud tienen que ver con la flexibilidad que implica no restringirse por discursos "muertos" que quizás no agotan lo que se pretende representar. Sin embargo, considero que cualquier propuesta debe partir del contexto que aquéllos constituyen, ya sea porque sólo son ciertos conceptos los que son útiles, o porque no son suficiente según ciertas razones, o porque se consideran precursores de una forma de ver las cosas, etc. Sin embargo, veo dos riesgos: en primer lugar, considerar que se parte de cero y hacer borrón y cuenta nueva, lo cual favorece el aislamiento de la comunidad académica interesada por no tender puentes de referenciación y cierta multiplicación nociva de posturas. En segundo lugar, quedarse con una noción "light" de la filosofía que sustenta una teoría particular, como la que el autor plantea, implica el riesgo de que la misma teoría resulte siendo igualmente "light".

Así, retomando algunas afirmaciones del autor (Roca) al respecto de la caracterización del naturalismo, me permito hacer algunas reflexiones adicionales. A partir de su cita de Maimónides, interpreta la noción de realidad como equivalente a material (en su sentido de extenso) y naturaleza como equivalente a funcional. Las dificultades de tal interpretación saltan a la vista: En primer lugar, esto implica que realidad y naturaleza no serían equivalentes, lo cual pareciera contradecir uno de los principios básicos de cualquier naturalismo. En segundo lugar, lleva a preguntas que no tienen mucho sentido como ¿el agua es material o es natural? En tercer lugar, a lo largo del seminario (cf. 2.1, 3.1) el autor habla de "realidad funcional", "realidad natural", por lo que tal distinción parece no ser excluyente.

Los anteriores puntos llevan a considerar que no puede ser una suposición ligera la de la existencia de una realidad natural, y por tanto, es muy claro el compromiso del autor con una variedad de realismo, con todo lo que eso implica. No veo que se trate de sólo palabras como utensilios contingentes, sino de usos lingüísticos con implicaciones lógicas directas. De este modo, discrepo de Carlos cuando caracteriza la posición de Roca como afín a la de Davidson o a la de Rorty, por lo menos en este asunto, pues en el discurso de Roca encontramos referencia a "lo real", "la verdad", "la correspondencia", etc.

Aportando entonces a la caracterización del naturalismo que pretende el prof. Roca, tengo las siguientes ideas gruesas según lo que he leído de sus libros y del seminario:

- Ontológicamente se asemeja a un monismo de entidades y a un pluralismo de propiedades. En esa medida considero que es aristotélico de base. Entiendo que su caracterización como “naturalismo” sólo quiere afirmar acentuadamente, que cualquier entidad de interés científico puede ser abordada como parte de la naturaleza (y no fuera de ella), y por tanto, tal denominación tiene sentido en la disputa decimonónica sobre las ciencias naturales y las ciencias del espíritu. En este mismo tenor encontramos los trabajos evolucionistas del siglo XIX como el de H.Spencer, Darwin, etc., y los derivados, incluyendo al funcionalismo de principios de siglo XX en psicología, el conductismo, etc. Pero no veo que “naturalismo”, capture la mayor riqueza de la postura de Roca, cual es la afirmación rotunda de la naturaleza estrictamente funcional de lo psíquico.
Otro matiz ontológico que reconozco en la propuesta es una variedad fuerte de realismo científico. Según éste, el objeto de estudio científico existe independientemente de nuestro conocimiento de él y la meta de cualquier ciencia es describir sus aspectos observables e inobservables (que por conveniencia puedo vincular con lo extenso y lo funcional respectivamente) de forma correspondiente. No todos los realismos científicos necesariamente se comprometen con una teoría de la verdad por correspondencia, pero en el caso del prof. Roca, son reiteradas las afirmaciones sobre “la verdad de las cosas”, y la necesidad de que los conceptos “se ajusten a la realidad” (cf. 2.1). Es decir, existe una realidad con un orden intrínseco, y la mejor teoría es aquélla que corresponda a tal orden; así se podría afirmar que sus enunciados son verdaderos. Esta variedad no tiene que ser necesariamente “naturalista”, por lo que el naturalismo no está definido en este caso por aquélla.
No veo una clara razón por la cual se equipare natural con funcional. Si lo funcional es por su propia naturaleza relacional, inobservable, cae dentro de la caracterización de las entidades que según el realismo existen. No es necesario tampoco equiparar realidad a materia, pues aquélla incluye materia y forma, en el sentido aristotélico.
- Epistemológicamente no reconozco diferencias evidentes con el positivismo más clásico comteano. De hecho, fue el mismo énfasis en la necesidad de considerar los asuntos humanos tan naturales como los no humanos, los que impulsaron el proyecto positivista. Las implicaciones metodológicas de esta postura son claras, en la medida en que se propone una continuidad de criterios para conocer y medir las diferentes regularidades (relaciones funcionales) que se presentaban en el mundo. De este modo entonces, no veo necesario introducir el naturalismo como una estrategia diferente.
El autor resalta (cf. 5.2, 5.3) que dado que la realidad es un sistema de interdependencias, el modelo de campo es la mejor estrategia para estudiarla. Yo estoy de acuerdo, pero ése no es un mérito del naturalismo sino del modelo de campo, que a su vez le puede ser ajeno. Y así, si el modelo de campo permite un mejor acercamiento a la comprensión del mundo, no es el naturalismo el que “acerca a la verdad de las cosas”, sino una buena estrategia heurística.
- Finalmente, el autor (cf. 2.2, 3.2) afirma que la base del conocimiento es el lenguaje y que la correspondencia debe buscarse en el análisis del lenguaje y del habla. Se me asemejó al primer Wittgenstein, que sin embargo está bien lejano del que el autor retomó y que al parecer se emparenta con su propia concepción de la “interpretación” (relatividad de “sentido” según la asociación entre valores de elementos).

Ahora entonces me quedan las siguientes preguntas:

- ¿Es útil y necesario hablar de verdad en ciencia? ¿No sería mejor retomar la propuesta de Ribes de pensar en términos de congruencia (de la teoría hacia los hechos que ocurren) y de coherencia (al interior del sistema conceptual), en lugar de buscar correspondencias con órdenes inherentes?
- Asumir al segundo Wittgenstein, ¿no implica romper con la dualidad realidad/conceptos? ¿Por qué sería ventajoso retomar al primer Wittgenstein?
- ¿Existe la funcionalidad asociativa independiente de que la conozcamos?
- ¿Distingue el prof. Roca entre eventos y hechos científicos?
- ¿Cómo saber que una afirmación teórica, como esta: “La funcionalidad convencional es causa final de la funcionalidad asociativa”, corresponde con la realidad y por tanto es verdadera?

Ricardo Pérez-Almonacid

Josep Roca i Balasch dijo...

El que yo me atreva a hablar, es decir, que publique o haga unas reflexiones en un seminario, se basa en dos principios de actuación: el primero es que pienso que el conocimiento es una empresa actual y yo —de momento— estoy en ella. El segundo es que la psicología, como ciencia, tiene mucho que decir sobre lo que es el conocimiento. Con estos principios no es que yo minusvalore contenidos de la filosofía, cuando digo que son productos “muertos”, sino que a la luz de la psicologia que juzgo mejor y actual, retomo discursos filosóficos que considero buenos para conectar y fortalecer mi discurso de conocimiento psicológico en curso, más allá de las etiquetas que les hayan puesto. Y lo que es más importante: afirmo que el conocimiento no es saber de lo dicho sino saber lo que ahora estamos hablando, teniendo en cuenta lo dicho.

En este contexto, hago las siguientes consideraciones intentando contestar a algunos de los interrogantes planteados por Ricardo Pérez-Almonacid y teniendo en cuenta, además, las reflexiones de Carlos M.

La primera es que el conjunto de aportaciones que la psicología científica ha realizado a la cultura actual, deben de comportar cambios en la manera de pensar sobre temas tradicionales de la filosofía. Pienso en la importancia del condicionamiento apetitivo y aversivo para el planteamiento actual de la emoción. Pienso sobre las aportaciones sobre la percepción y las habilidades perceptivo-motrices. Pienso también en las aportaciones del condicionamiento operante sobre la motivación y el mismo fenómeno del entendimiento. Con aportaciones como éstas, algunos discursos filosóficos y determinadas preguntas ya habrán cambiado. Y si no lo han hecho es porqué la filosofía, todavía hoy, se sigue planteando como una materia histórico-temática sobre todo tipo de aportaciones que tienen que ver con los temas citados en el primer apartado de este seminario pero con pocas o nulas conexiones con las aportaciones de la psicología.

En los últimos meses, me ha llegado un libro de un filósofo francés de moda —Michel Onfray. (2004/2008) La comunidad filosófica. Barcelona: Gedisa— quien aboga por un replanteamiento de toda la filosofía a partir de una visión epicúrea y hedonista de la existencia humana y aboga, también, por universidades populares que, de hecho, han constituido ya en Francia y Bélgica. Entre sus objetivos está el de reescribir toda la historia de la filosofía a partir aquella posición hedonista y posicionándose respecto a temas y cuestiones que se han ido planteando a través de los tiempos. En el primer volumen de su nueva historia de la filosofía —(2006/2007) Las sabidurías de la antigüedad. Madrid Anagrama—, revisa lo que se ha dicho sobre los distintos autores y sus discursos, posicionándose a partir, sobre todo, de su encorsetamiento en suposiciones y creencias que coartan la vida hacia posiciones y creencias de temor y de miedo y en contra del placer, el goce y el mismo libertinaje. Genera simpatías, y no sólo hedonistas sino también intelectuales, por su posicionamiento crítico y desafiante del universo de creencias generado por la religión y por filósofos especuladores como el mismo Platón.

No conozco el trabajo de los filósofos que citáis Ricardo y Carlos M., pero nos hallamos ante el mismo hecho de que, desde la psicología, miramos este universo de pensamiento que llamamos filosofía —universo histórico y actual— y nos planteamos cómo desde nuestra disciplina incidimos o podemos incidir en él, dado su carácter de conocimiento general y presumiblemente orientador de todos los demás conocimientos.

En este apartado 1.4 del seminario he querido sugerir, a partir del texto de Kantor, que la psicología de base científica puede y debe denunciar el conjunto de temas y cuestiones o simplemente las ideologías que mantienen supuestos teóricos indemostrados e indemostrables, especialmente relativos a lo que es la psique humana y el conocimiento.

En este sentido, afirmo que, desde una consideración de la psique como funcionalidad asociativa, de una concepción de la mente y el conocimiento como hablar, de la conciencia como decirse o autoreferirse y otras aportaciones del discurso psicológico que sostengo, hay temas y cuestiones filosóficas que deben replantearse y que al hacerlo dejarán de tener sentido o adquirirán un nuevo sentido.

La segunda es que, en ciencia, es incuestionable hablar de verdad. La ciencia se plantea como una organización para el progreso del conocimiento hacia la verdad. Puede sonar decimonónico pero no por ello deja de ser el objetivo fundamental de la ciencia. Vacilar sobre esto, como sucede en planteamientos actuales como pueden ser los llamados “narrativos”, me parece una frivolidad. Creo que, en parte, esta vacilación obedece a la incapacidad de los profesionales de la ciencia para asumir las dificultades y el mismo fracaso que se ha generado en la definición de ámbitos teóricos y tecnológicos como los de la psicología, la educación y otros ámbitos de las ciencias humanas.

La tercera es que propongo volver al hecho primitivo del estudio o la investigación sobre los fenómenos humanos para dialogar. Por ejemplo, observo y trato de explicar por qué hay individuos que reaccionan más rápidos que otros —en un test de Tiempo de Reacción o en una salida de velocidad de atletismo, pongamos por caso— y consecuentemente me planteo cómo actuar, si es posible, sobre su velocidad de reacción.

Tengo lo que puedo llamar un fenómeno natural, una medida, una realidad, un hecho o un evento. ¿Importa mucho distinguir aquí entre estos conceptos? Creo que no. Lo que importa es notar que, en el primer acto de reconocimiento de lo que quiero estudiar, ya uso palabras que requieren ser interpretadas más que tomadas en su sentido literal o de diccionario. Materia, realidad, mundo sensible, naturaleza y otras expresiones como “objeto material”, que dirían los clásicos, son expresiones que igualmente deben de ser interpretadas, ya que en ese acto investigador indican simplemente aquello de lo que se va a hablar. Si yo entro en temas como los de definición de lo material, lo real o lo natural como lo que ocupa espacio, ya no estoy usando la palabra de forma interpretativa como se requiere en aquel acto de conocimiento. Es por esto que aunque el objetivo de la investigación es formular principios y leyes que tengan mayor correspondencia o verdad con lo que ocurre, ya en el mismo acto de investigar estoy necesitado de actuar interpretativamente en el uso de todas las palabras y expresiones.

Correspondencia y verdad son dos palabras, efectivamente, muy utilizadas por mí. Y del análisis de su uso se puede derivar una mejor intelección mutua. Si hablo de correspondencia en el sentido “especular” del que habla Carlos M. —que yo entiendo que quiere decir que el hablar sobre los hechos se concibe simplemente en reflejarlos— es una cosa. Mientras que otra cosa es que yo cuide de mis expresiones porque, según como me exprese, puedo estar rompiendo más que construyendo la correspondencia. Así, si yo digo que un individuo es más rápido que otro en base a una medida del Tiempo de Reacción, puedo estar hablando en correspondencia con el hecho, pero seguro que estaremos de acuerdo en que si yo digo que un sujeto ha obtenido un tiempo más corto que otro o que uno ha obtenido “x” centésimas y otro “y” centésimas, estoy hablando con mejor correspondencia. Ésta fue, por otro lado, unas de las lecciones de Skinner en su propuesta de un hablar operativo.

Mi interés científico ha seguido este discurso y, en su reflexión más general, he propuesto la clasificación de las ciencias la cual, entre otras ventajas, informa que existen distintas aproximaciones científicas a los fenómenos y que en esta manera múltiple de desarrollarse la ciencia puede haber una manera de reorientar debates filosóficos tradicionales y facilitar el entendimiento. Un desarrollo científico consiste en describir o narrar lo que sucede. Otro discurso consiste en explicar lo que sucede y otro, muy distinto, definir modos de intervención sobre lo narrado o explicado. El problema de la ciencia —también el de la filosofía— acostumbra a ser la “cruza” de discursos, si se me permite la expresión de Ryle. Por ejemplo, usar un lenguaje —una palabra, una teoría…— descriptivo con pretensiones explicativas es un error. Puedo hablar descriptivamente como si hablara explicativamente pero no me puedo confundir. También es un error que un discurso tecnológico pretenda ser la base de una teoría funcional ¿No es eso, por ejemplo, lo que pretende o ha pretendido la llamada “tecnociencia”? El tema es largo y complejo y por eso afirmo que la organización del conocimiento científico debería ser un objetivo de progreso. Y naturalismo querría decir, aquí, alinearse con los que proponen o han propuesto una organización más coherente de la ciencia.

Quizás la pregunta sobre si existe la funcionalidad asociativa independiente de que la conozcamos, merece un comentario aparte por lo aparentemente ingenuo de la pregunta, pero también por su carácter secular. La respuesta, a mi modo de ver, ha de ser sí, si “existe” se interpreta como que tengo evidencia. Si se me permite referir la anécdota, cuento que en una granja había un trabajador que una vez al año invitaba a los vecinos a ver bailar cerdos. Mientras tocaba una flauta los cerdos saltaban y brincaban y la gente se reía y se divertía. El trabajador, antes del día señalado, montaba unas sesiones de entreno durante las cuales a la vez que tocaba la flauta tocaba también las piernas de los cerdos con un hierro candente. Está claro que los cerdos asociaban un estímulo aversivo con el sonido de la flauta y ello explicaba que posteriormente el sólo sonido de la flauta provocara la respuesta o la acción de saltar y “bailar”. Este trabajador no tenía ni idea del condicionamiento pauloviano, ni de todos los conceptos que se generaron en aquel ámbito, ni de la trascendencia explicativa de este concepto. Seguro que además no le llamaba condicionamiento a lo que él hacía y, probablemente, no tenía ningún nombre para referirlo ni explicarlo. Pero existía una realidad, un fenómeno, un hecho o un evento, independientemente de las palabras para referirlo. El que alguien en la historia del pensamiento llegara a afirmar que algo existe sólo si es nombrado por la razón humana, es una tontería. Es una tontería afincada en una concepción de la mente humana idealizada o desnaturalizada.

Yo entiendo que la ciencia no se plantea dicotomías ni cuestiones innecesarias a su proceder. Parte de la evidencia de que hay todo un mundo por conocer y que hablando de él, de determinadas maneras, lo conocemos mejor. Y parte también de la evidencia de que la historia del pensamiento y de la misma filosofía ha podido hablar de estas cosas de otra manera, pero no las necesita para construir su hablar actual. Es más, entiendo que es la filosofía la que debe de alimentarse de las aportaciones que la ciencia actual realiza, máxime cuando cubren contenidos básicos para ella como pueden ser los conceptos de mente, conocimiento o conciencia, porque ha procurado “fiabilizar” su lenguaje.

Carlos Mario Cortés Hurtado dijo...

En nuestro sentir más cotidiano experimentamos ‘un mundo’ como un ‘afuera’ del cual, si somos sensatos, sentimos que hacemos parte como un ‘objeto’ más de su naturaleza, y esto no nos hace realistas en un sentido filosóficamente interesante. Así, como mucho, ésta es la ‘intuición realista’ —obviedad, más bien— que vale la pena sostener, y creo que es la que le interesa sostener a Roca, y es un punto de convergencia con Davidson y con Rorty. Basta ser demasiado Filósofo para no darse cuenta de que «estamos levantando polvo y luego quejándonos de que no vemos» —nos dice Rorty—, de que nos estamos lamentando porque está más allá de nuestra subjetividad aquello que hemos definido, en el sentir kantiano, como estando más allá de nuestra subjetividad.

El sentido ‘light’ que recomiendo es aquel que, de acuerdo con lo anterior, no toma a tal mundo por una ‘realidad’ misteriosa, la cual nos impone el imperativo epistémico de descubrir Su Verdad, sino que se centra en la esperanza de que podemos alcanzar una explicación natural satisfactoria de «todo lo que se da bajo el sol» con nuestras mejores herramientas de conocimiento, hasta ahora: la ciencia y la filosofía. De tal suerte, considero que nuestro examen, más que centrarse en la definición de La Realidad —por lo demás, ajena—, debe esclarecer el papel del conocimiento entretejido en dicho mundo desprovisto de los misterios y los abismos que nos desnaturalizan en tanto seres cognoscentes. Es decir, la perspectiva naturalista debe rechazar enfáticamente la desnaturalización de cualquier fenómeno del mundo, incluido, por supuesto, el conocimiento y la realidad misma.

Dado que no somos filósofos, no le veo provecho a jugar a la filosofía «histórico-temática», como la llama Roca, igualmente descartada por Rorty en ‘Conservando la pureza de la filosofía’, sino que, como este último lo recomienda, lo interesante es la filosofía a la Sellars: «el intento de ver cómo las cosas, en el sentido más lato del término, se relacionan entre sí, en el sentido más lato del término». Esto no implica ignorar los contenidos de aquella primera forma de filosofía, implica revalorarlos y, sobre todo, superar el sentido que allí se le da a la discusión.

Por ello, cualquier sentido fuerte de ‘realismo’, cualquier ‘compromiso ontológico’ carilargo, debe ser rechazado en la medida en que estará siempre ligado al dualismo desnaturalizante además de llevarnos, según Davidson (2003), al escepticismo. Las razones de tal rechazo no son un simple desinterés o una irresponsabilidad filosófica; son aquellas que deja el camino recorrido por la filosofía desde Dewey, Nietzsche, Heidegger y Wittgenstein hasta Davidson, Brandom y Rorty, un camino que, en todo caso, llega a una versión especial del pragmatismo. Con esto no pretendo apelar a la autoridad. Sólo quiero señalar en dónde creo que se ubica la discusión que resultará más afín con el modelo psicológico que propone Roca y, además, quiero ceder el trabajo argumental fuerte a quienes están mejor entrenados para ello. Es, sin duda, una discusión que ha recorrido un largo camino.

Según mi entendimiento, toda la propuesta psicológica de Roca cumple con aquella naturalización del conocimiento. Por ello, la propuesta se debe juzgar, así, en su sentido global, más allá del impacto que puedan provocar afirmaciones relativas a la ‘correspondencia’, la ‘verdad’ y la ‘realidad’, por lo demás, secundarias. A esto se refiere Roca cuando, en el comentario anterior, dice que una cosa es hablar de ‘la correspondencia’ —como objeto del discurso— en el sentido ‘especular’ y otra es que el discurso naturalista construya o rompa correspondencia con los fenómenos. ‘Las palabras son monedas, no dinero’, constantemente lo recuerda Roca en su obra, por ello traje a colación la respuesta que él da al comentario de Emilio Ribes. Esto es, además, asumir la semántica holista de Quine y de Davidson y arrastrar consigo todas sus consecuencias, especialmente señaladas por Rorty, entre las cuales se encuentra no sufrir mucho por el hecho de que aparezcan ciertas palabras, que han sido ‘centrales’ para viejas discusiones, pero bajo una comprensión actualizada del conocimiento. Así, hablar de las «implicaciones lógicas» de las palabras, sin considerar su papel en un discurso completo, es tan inocuo como defender el discurso diciendo, sin más, que es verdadero. (Nótese que, con ello, también quiero sugerir la vacuidad de las afirmaciones en cuestión, algo que ya intenté en el comentario anterior) Esta es una comprensión que nos aportó Quine en ‘Dos dogmas del empirismo’ (En Desde un punto de vista lógico) al desbaratar la reductividad y la distinción analítico-sintético.

Por todo lo anterior, lamento si mi comentario parecía sugerir un desinterés por las discusiones en torno al realismo y a la verdad. Todo lo contrario, como dije, lo que quiero es ubicar la discusión y por ello aludo a los autores que han tratado el tema con maestría a lo largo del siglo XX.

Ahora, trataré de mirar con cierto detalle algunas cosas de la crítica que hace el profesor Ricardo, la cual, a pesar estar encaminada a criticar el supuesto Realismo de Roca, señala muchos puntos muy relevantes para avanzar hacia la caracterización del naturalismo que nos interesa.

xiobanni dijo...

Estoy muy de acuerdo con que todas las disciplinas que tratan de ocuparse de manera objetiva y cientifica del comportamiento de los organismos, todas ellas pecan del uso de entidades mediacionales, un ejemplo que ha resultado reciente para mí es el discurso político de Edwuar Osborn Wilson, en su libro: Sociobiologái: Una nueva sinteis, de 1975, en el Wilson apela a que la emociones sobre las cuales ha especulado los filosofos son sólo producto del sistema limbico y del hipotalamo, y da un paso más allá al proponer que estas estructuras son producto de los genes. Igualmente Richard Dawkins, autor del Gen Egoista se opone a la también ideologica psotura de los etologos como Lorenz, y afirma que son los genes la causa única mientras los organismos son meramente una forma de transporte de los genes... Incluso en el nuevo neodarwinismo se habla del fenotipo extentido que refiere a que toda conducta es por definición la consecuencia de una agrupación genética, y la evidencia de tal afirmación es el hallar en muchas especies comportamientos que no son adactativos a la sitiaciones ontogenéticas del los organismos.

Alejandro León UNAM dijo...

Quisiera comenzar comentando que cada vez me agrada más este espacio, y que las aportaciones que en él se realizan las valoro como destacadas.

Sin duda alguna, las discusiones que han tenido lugar en este capítulo son centrales, no sólo para la Psicología, sino para la ciencia en general y la filosofía de la ciencia. A continuación expresaré mi opinión sobre algunos comentarios realizados por el profesor Roca, por Carlos Mario Cortés y por Ricardo Pérez-Almonacid.

En primer lugar coincido con Ricardo en que puede resultar problemático distinguir entre realidad y naturaleza, así como, equiparar realidad con materialidad, y naturaleza con funcionalidad. También considero que es legítimo y relevante el punto de Ricardo por distinguir, en ciencia, entre eventos y hechos. Y creo que, sin utilizar esos términos, el profesor Roca realiza tal distinción, de lo contrario no tendría sentido el que hablara de interpretación. En ese mismo tenor, considero que en la propuesta del profesor Roca no se asume una correspondencia con “órdenes inherentes” (al menos no uno a uno) que se tenga que develar, sino como él señala, dicha correspondencia se “construye”. De hecho, es de esa misma “correspondencia” de la que Ricardo habla cuando habla de "la congruencia entre la teoría y los hechos que ocurren" (cabe decir que desde la perspectiva de J.R. Kantor los hechos no ocurren, sino que son construidos. Con base en lo anterior no veo en qué sentido la propuesta realizada por el profesor Ribes sea “mejor” que la propuesta del profesor Roca. Por otra parte, cuando Ricardo Pérez-Almonacid habla de coherencia, refiere a la consistencia al interior del propio sistema conceptual, lo que a mi entender, es perfectamente compatible con la noción del profesor Roca sobre “interpretación”.

Retomando el tema de distinguir entre eventos y hechos, en lo personal considero que es muy relevante tal distinción tenga lugar. Es más, considero que un psicología científica está obligada a reconocer tal diferencia, y no sólo a ello, sino a identificar los referentes empíricos (i.e. los eventos) de una expresión dada, y una vez identificados tales referentes empíricos, describirlos y trabajarlos desde un marco de referencialidad dado (desde una teoría), lo descrito implica realizar una traducción o como lo diría Roca una interpretación de un fenómeno natural. Considero que esta forma de proceder nos permite escapar a las limitaciones propias de las posiciones esencialistas y nominalistas (que ya han sido abordadas en el seminario).

Por otro lado, difiero con el Profr. Roca en que no existe inconveniente en utilizar, en ciencia, un término u otro para referir a lo mismo (i.e. fenómeno natural, evento, hecho, medida), a diferencia del lenguaje ordinario, en donde los términos son contextualizados por la circunstancia de su uso, en el lenguaje de las ciencias el contexto de los términos son otros términos, y si éstos son utilizados de manera multívoca pueden dar lugar a confusiones conceptuales que desemboquen en inconsistencias teóricas para nada irrelevantes (como ejemplo, considérese el caso del término “conducta” en la magna obra de Skinner “la conducta de los organismos”).

Coincido con el Dr. Roca en que, aunque es necesario considerar las taxonomías o cristalizaciones de los discursos en filosofía de la ciencia, tampoco se les debe tomar tan en serio, sobre todo si nuestro objetivo último es el desarrollo de una “ciencia viva”. Como han señalado varios autores, si se esperara a que la filosofía de la ciencia estableciera los criterios que la práctica científica ha de seguir, la ciencia (como práctica) probablemente no existiría. En este sentido coincido plenamente con el Dr. Roca y con Carlos Mario en que puede resultar más fructífero hacer filosofía reflexionando sobre la práctica concreta de nuestra disciplina, es decir, haciendo filosofía de la praxis. Coincido también plenamente con Carlos Mario cuando señala que “hablar de las «implicaciones lógicas» de las palabras, sin considerar su papel en un discurso completo, es tan inocuo como defender el discurso diciendo, sin más, que es verdadero”.

Por otra parte, me cuestiono sobre la pertinencia de intentar identificar, en el sentido estricto de la palabra —hacer idéntico a—, el discurso del Profr. Roca con determinadas posturas onto-epistémicas. Si esto fuese pertinente, en todo caso considero inapropiada la identificación realizada por Ricardo Pérez-Almonacid (al menos como la entendí), ya que me parece que identifica el discurso del profesor Roca con un “realismo ingenuo”, el cual descansa críticamente en una noción no problemática sobre los términos observacionales y en una teoría pictórica del lenguaje. Lo anterior es a todas luces contrario al “espíritu” del profesor Roca, como queda evidenciado en el énfasis otorgado a la naturaleza “interpretativa” del quehacer científico.

Me gustaría concluir señalando que, en mi opinión, aunque a primera vista pudiera parecer que los planteamientos propuestos por Ricardo se contraponen a la propuesta del profesor Roca y a los comentarios de Carlos Mario, son en lo “esencial” compatibles. Estoy convencido de que todos tenemos el anhelo y el espíritu de una psicología no trascendentalista. Como señala Carlos Mario es importante intentar interpretar los términos utilizados por el profesor Roca dentro de contexto, sin embargo, reitero mi posición respecto a la relevancia de hacer un uso disciplinado (o riguroso) de los términos.

Viva el seminario!!

Josep Roca i Balasch dijo...

Se ha desarrollado un diálogo a partir de un punto que yo, de entrada, pensaba que no debería generarlo. Lo pensaba porqué entiendo que todos los participantes en este seminario compartimos el rechazo de Kantor al uso de conceptos como los que él refiere en el texto citado en la sección 1.4.

La idea rectora debería ser que para avanzar en el conocimiento, uno debe atenerse a los fenómenos primitivos que observa y despojarse de prejuicios y suposiciones sobre ellos. Pero ¿cómo podemos hacer eso si en el mismo hablar de fenómenos ya tenemos un problema? Unos hablan de fenómenos, otros de hechos, otros de eventos, otros de cosas que ocurren, otros de acontecimientos, otros de objetos, otros de la realidad, otros de la naturaleza, otros de «el mundo material» y otros «del mundo universal». Y no digamos cuando nos referimos al conocer que conlleva suposiciones y prejuicios a mansalva. Tenemos la psique, la mente, la conciencia, la razón, la cosa pensante, el juicio, la cognición, la conducta, el comportamiento, los centros cerebrales para todo ello y mucho más, y tenemos a la filosofía y a los filósofos hablando de todo, con la falsa solvencia que les da haber hablado de ello durante siglos.

Es el “Babel” del conocimiento, y es lo que hay. A pesar de ello, recomenzamos.

Hablamos de lo que nos interesa y procuramos hacerlo con veracidad. Para hacerlo redefinimos los términos, mostrando su correspondencia con ese algo de lo que hablamos.

En ese recomenzar, enfatizamos que es importante notar que todos los términos referidos a lo psíquico han de ser redefinidos porque se basan en suposiciones y prejuicios que ha generado la tradición espiritista y religiosa, y también la concepción humanista en su empeño por postular facultades sobrehumanas en los humanos.

Cuando hablamos de naturalismo queremos hacer referencia a aquellos discursos que han procurado darse cuento de los líos que nos crea el lenguaje pero sin renunciar a él, porque la ciencia es lenguaje.

Psique es una palabra, deriva de «psijos» que es viento en griego. Cuando alguien usó viento o aliento para significar algo distinto, pero que tenía algo en común con aquello de lo que quería hablar, ya estaba interpretando: usaba una palabra para denotar algo distinto al primer significado. Por cierto, el vehículo interpretativo era algo evanescente pero «tangible» y está claro que se quería denotar la existencia de algo no tangible a partir de algo tangible, pero que también tiene algo de evanescente…

Prácticamente, siempre se ha procedió así. Cuando Descartes le llamo «cosa» a la mente, hizo lo mismo. Los problemas filosóficos y psicológicos sobre estos conceptos ya empezaron con esos líos derivados de la construcción del lenguaje. Uno puede dedicarse a analizar esos líos. Los filósofos del lenguaje ya señalaron que éste era el tema para retomar toda la filosofía y con ello sus influencias sobre ciencias como la psicológica.

Es bueno notarlo: la ciencia, aunque ha podido estar pendiente e, incluso, influenciada por los temas filosóficos, nunca se ha validado —como forma de conocimiento— por su proximidad o distancia respecto de un discurso filosófico. La ciencia se ha validado por haber construido un lenguaje «con correspondencia» —ingenua o no— con fenómenos observados, teniendo en cuenta que fenómeno es lo que aparece, lo que se le presenta a uno. Esto es así de tal manera que cuando un científico «habla de verdad», uno sabe que no habla por hablar sino que habla «con propiedad», ya que su discurso está ligado a esos fenómenos que todos podemos notar, incluso cuando habla de forma muy abstracta. Es más, de acuerdo con lo que ya he comentado repetidamente, la ciencia tiene varios discursos y todos procuran cumplir con el criterio de correspondencia con los fenómenos. Tiene un discurso para atender a los fenómenos cuando estos son «hablados» en términos de extensión. Tiene un discurso cuando esos son hablados en términos de función o animación. Tiene un discurso tecnológico para cuando construye un sistema de intervención que integra criterios de extensión con función.

Naturalismo querría decir alinearse con este proceder múltiple de la ciencia que mira de entender los problema filosóficos pero que, sobretodo, procura construir discursos veraces sobre los fenómenos.

Vuestros comentarios me han sugerido también la lectura, que os aconsejo, de dos trabajos de Kantor que ahora veo muy pertinentes para este seminario. Son estos:

- «Evolution and revolution in the philosophy of science». Revista Mexicana de Análisis de la Conducta. 1977, 3, 7-16.
- «Experimentation: the acme of science». Revista Mexicana de Análisis de la Conducta. 1978. 4, p. 5-15.

Seguro que Alejandro nos podrá conseguir una copia del original para poderla colgar en nuestra biblioteca. Yo os doy la referencia de mis fichas sobre estas lecturas, pero no he buscado los originales y no sé tampoco si los tengo.

Jennifer RV dijo...

Oposiciòn del naturalismo:..dices

-(La biología, particularmente ha puesto en circulación conceptos que refieren centros y mecanismos cerebrales-mentales de imposible contrastación funcional.

Si con eso te refieres a un parca visiòn de integraciòn en todos los nìveles funcionales, Si. Es parte de la discusiòn de que en biologìa las ideas son profundizadas bajo una lupa reduccionista y por que el esquema actual cientìfico opera bajo una corporaciòn que destaca el producto(por ejemplo: venta de anticuerpos, equipos sofisticados para hacer investigaciòn..etc) no el pensamiento que lleva detràs. En realidad a la mayorìa de los cientìficos no les interesa pensar si no vender su investigaciòn, por mucho es por una carente formaciòn filosòfica en el estudio de la vida. Sin embargo, volviendo a la "imposibilidad de contrastaciòn funcional" no es imposible, es un reto.

Alejandro Leon dijo...

Hola Jennifer,
Me gustaría que expusieras los argumentos con base en los cuales sostienes que es posible contrastar funcionalmente centros y mecanismos cerebrales/mentales...

Carlos Mario Cortés H. dijo...

Hace unos meses tuve la oportunidad de sostener personalmente una breve conversación con el profesor Ricardo. Lamento no haber intercambiado con él más comentarios sobre el blog, pero recuerdo dos cosas que dijo. Con una de ellas señaló algo que nunca debí haber descuidado: el blog se llama filosofía naturalista. En cuanto tal, el tratamiento del tema debe procurar ser filosófico. Claro, faltaría aclarar cómo entender esto. La otra fue algo que ya mencionó en su segundo comentario de esta sección: «no veo que ‘naturalismo’ capture la mayor riqueza de la postura de Roca, cual es la afirmación rotunda de la naturaleza estrictamente funcional de lo psíquico».

Respecto de lo primero, quiero decir que mis intervenciones, aunque parezcan sugerir que no hagamos filosofía, están basadas en las reflexiones de dos grandes filósofos. Como dije en ellas, lo que me parece importante, más allá de ‘hacer filosofía’ o de identificarse con una tradición u otra, es «ver cómo las cosas, en el sentido más lato del término, se relacionan entre sí, en el sentido más lato del término». Es así como redefine la filosofía Wilfrid Sellars y esto es lo que ha hecho Roca por su parte, sin prejuicios filosóficos. El profesor Ricardo, por el contrario, ha intentado encajar las reflexiones de aquél en los idearios filosóficos tradicionales, sintiéndose avalado por unas tales «implicaciones lógicas». Comparto el intento de ubicación histórica y por eso en mi segundo comentario ya había prometido mirar con detalle la crítica que hace el profesor Ricardo. Para hacer esto, creo que es necesario remitirse a los «problemas filosóficos» que él trae a cuento. La segunda observación, arriba citada, rechazaba caracterizar la propuesta como «naturalista» en tanto que su idea más saliente es el carácter funcional de lo psíquico. Pero parece no haber buenas razones, dice él, para apelar al naturalismo, salvo que se haga la identificación ‘natural=funcional’ propuesta, y esto tiene sus problemas. ¿Tendríamos que llamarla, entonces, algo como ‘Psicología Funcionalista’? Otro tanto se podría decir en contra de optar por este ‘apellido’. Pero también de cualquier otro. Ricardo, pues, llega a dudar de nuestra elección del término «naturalismo» después de interpretar las posturas «ontológica» y «epistemológica» de Roca. Por ello, comento la segunda observación de aquella corta conversación, acogiendo la primera.

Si comprendo bien sus comentarios, Ricardo propone dos formas no excluyentes de entender las ideas de Roca sobre el naturalismo: 1) como una ontología realista y 2) como una epistemología correspondentista. Asumiendo que es una interpretación correcta, desarrolla algunas críticas usuales a estas posturas y concluye que es inapropiado usar el término ‘naturalista’ para calificar la propuesta. Pero si su interpretación es incorrecta, nada se ha dicho. Pues su conclusión depende de las críticas contra el realismo y la correspondencia. Y me parece que la atribución de estas dos posturas la podemos echar por la borda y, junto con ella, a la conclusión.

La razón para rechazar tal atribución es que me parece inconducente su justificación. En su primer comentario, el profesor Ricardo trae una serie de afirmaciones de Roca que, según él, lo ubican «en relación con el realismo, con el supuesto de verdad por correspondencia». Y en el segundo comentario, usa este mismo recurso de justificación para negar la afinidad que yo encuentro entre Roca y Rorty: «en el discurso de Roca encontramos referencia a “lo real”, “la verdad”, “la correspondencia”, etc.». Si esto bastara para afirmar que alguien suscribe una forma de realismo o una teoría correspondentista de la verdad, ni Rorty se salvaría de tales acusaciones, pues es bastante improbable abandonar la referencia a la verdad o la realidad.

[continúa...]

Carlos Mario Cortés H. dijo...

[continuación]

Muchas veces, también, es cómodo hablar de la correspondencia de lo que se dice con los hechos de los que se habla. Menos posibilidades de salvarse tendría Davidson, quien ha afirmado explícitamente que la verdad es correspondencia pero sin defender una teoría tal. El miedo a las palabras no es serio. Lo relevante es interpretar un discurso y el significado de sus enunciados a la luz del todo de la teoría. Pues «si el significado de las oraciones depende de su estructura, y entendemos el significado de cada ítem de la estructura sólo como una abstracción de la totalidad de oraciones en las que éste aparece, entonces sólo podemos dar el significado de cualquier oración (o palabra) dando el significado de todas las oraciones (y palabras) del lenguaje» (Davidson, 2001. Cap. 2 [1967]). Este es el holismo semántico que Davidson defendió durante su carrera filosófica y del que Rorty se pegó para exprimir sus consecuencias sobre la cultura occidental.

Entiendo, así, que sugerir el cambio de la palabra ‘correspondencia’ por la palabra ‘congruencia’ como cura a la enfermedad ‘realista’, es una enorme confusión entre fármacos y palabras —una confusión que bastante cara le está saliendo a la psicología y tanto más a la gente—. Pero sobre todo, tiene el problema de que no cambia nada. Pues, ¿cómo se supone que se va a evaluar la «congruencia» entre la teoría y «los hechos que ocurren», que sea diferente a evaluar la correspondencia, como no sea buscando la coherencia? ¿O es que esos ‘hechos’ no se refieren a la misma realidad de siempre y ‘congruencia’ o ‘correspondencia’ no hablan simplemente de una supuesta relación entre teoría y realidad? El tema de la congruencia, sin embargo, es harina de otro costal. Lo que me parece importante explorar es la mencionada confusión. Con ella insinúo la diferencia entre un modelo atomista y otro holista. Cambiar una pastilla por otra, dado que —según los propósitos de su uso— conocemos de antemano sus propiedades estructurales, no es lo mismo que cambiar una palabra por otra, pues éstas últimas, como se dijo, adquieren sus propiedades sólo en el contexto de un discurso completo [No puedo defender esto acá. Recomiendo el ensayo de 1973 «Interpretación Radical», en De la Verdad y de la Interpretación (Davidson, 2001)].

Entiendo que el realismo y la teoría correspondentista de la verdad son, de hecho, nociones hermanas; hijas del dualismo esquema-contenido (Davidson, 2001. Cap. 13 [1974]). Y este dualismo es, en últimas, una teoría representacionalista del conocimiento. Por lo tanto, para mostrar que Roca efectivamente suscribe aquellas nociones problemáticas, se debe mostrar que Roca se mantiene dentro de la tradición representacionalista. Sólo esto contaría como una crítica seria. Cuando defiendo a Roca de estas acusaciones, lo hago con el convencimiento de que su ‘metafísica del movimiento’ (en el blog Psicología Naturalista publiqué un intento de ilustración de lo que es esto. Ir al ensayo) es una muy buena forma de librarse de las ideas representacionalistas en los aspectos que impiden desarrollar una ciencia psicológica. Esto no quita el ruido que hace la insistencia de Roca en el tema de la correspondencia, pero son, como dije, expresiones secundarias que se pueden interpretar a la luz de otros propósitos centrales para este autor. Me parece que de esta manera echamos por la borda esas cargas «ontológicas» y «epistemológicas» que tanto preocupan al profesor Ricardo y, además, quedamos en mejor posición para mostrar la cercanía —que cada vez veo más estrecha— entre Rorty, Davidson y Roca.

Acá sólo he dicho que las conclusiones del profesor Ricardo no se sostienen porque dependen de una atribución mal fundamentada. Faltaría, entonces, presentar la interpretación alternativa que sostengo es incompatible con tal atribución. Por lo pronto, en el Capítulo 2 de este seminario encontramos muchas ideas sugerentes en la dirección que deseo defender.

Ricardo Pérez-Almonacid dijo...

El comentario del profesor Ricardo lo encuentran en la siguiente dirección: http://docs.google.com/View?id=dd485rz4_36crgbr3gp

Fue publicado allí por tener 18.148 caracteres cuando el límite por comentario es de 4.096 caracteres. Creo que ésta será la última excepción con los comentarios que superen el límite impuesto por Blogger, por hacer parte de una discusión que ha ido al nudo del asunto del Naturalismo.

Esto no implica limitarse a un solo comentario, pero sí que se limite cada comentario a un aspecto específico de la discusión.

Carlos Mario Cortés H.
Coordinador.

Carlos Mario Cortés H. dijo...

A primera vista, el postdata del profesor Ricardo es un argumento contundente. Pero creo que es una muestra más de las diferencias entre las formas en que él y yo nos acercamos a una crítica. Si bastara con señalar las relaciones entre unas palabras, yo no tendría nada que objetar. El error fue mío porque sólo mencioné que hay una relación maternal entre realismo-correspondencia y representacionalismo. Afirmar esta relación es la conclusión del análisis histórico-filosófico de Rorty y el conceptual de Davidson. No podría presentar aquí siquiera un resumen de sus ideas. Reconozco que la falta es mía. Sólo diré que las cuestiones de ontología y epistemología, en el sentido Filosóficamente interesante, ese que Ricardo parece imputar a Roca, sólo pueden intrigar a alguien cautivo en el polvero filosófico levantado principalmente por Platón, Descartes y Kant. Como he tratado de ilustrarlo en comentarios anteriores, la realidad es una cuestión obvia y, así vista, no tiene ningún interés filosófico ni cinematográfico tipo Matrix. Los comentarios de Roca, por su parte, son evidencia de esta actitud. Y por eso me parecen desencaminadas las críticas de Ricardo hacia estos aspectos, pues las veo cautivas en el misterio creado por lo que Rorty llama ‘el Espejo de la Naturaleza’, que es en últimas la noción representacionalista del conocimiento de la tradición filosófica. Si no, jamás se molestaría uno en preguntarse por el ‘estatus ontológico de la conducta’.

Probablemente haya autores que se identifiquen a sí mismos como realistas. Davidson mismo lo hizo en algún momento. Esto, sin embargo, no dice nada respecto de su afiliación con el representacionalismo, típico de nuestro sentido común occidental. Davidson decidió rechazar el realismo, como lo indiqué en un comentario anterior, porque encontró que era un tema que tenía valor sólo bajo la dualidad esquema-contenido. Y así, uno podría decir que aquellos autores no son realistas en el sentido ‘rico’ filosófico, pues también se han desembarazado de esta dualidad. Habría que ver cómo lo logran, más allá de las palabras o afirmaciones a las que recurran, pues éstas pueden ser simplemente escombros del sentir de una tradición. Esto es lo que yo quiero decir de Roca, pero me he inclinado a comentar lo dicho por el profesor Ricardo. Tal vez no he hecho bien la tarea; es una empresa que parece estar más allá de mis habilidades. Coincido con el profesor Ricardo en que interesa es definir el Naturalismo y en que lo que Roca ha dicho no arroja luces claras sobre lo que debemos entender bajo este término, por el contrario, ha complicado la faena. Mi propuesta iría hacia esa actitud relajada anti-Filosófica (con efe mayúscula), pero filosófica en el sentido de Sellars (y de Rorty y de Davidson). Ésta última, por manejar conceptos light (o vegetarianos, como dice Rorty), no es una filosofía débil. Tampoco es un mal fundamento de una teoría, como lo insinúa Ricardo. La filosofía no es fundamento de nada. La propuesta psicológica de Roca, como toda propuesta, puede valerse por sí misma si cumple con lo que se propone. Otros tenemos afición por relacionar las propuestas con otros temas. Y eso es lo que hacemos acá bajo el rótulo de Filosofía Naturalista. Pero esto, otra vez, no es ningún fundamento necesario; si acaso un ejercicio intelectual que permite realizar nuevas jugadas.

Quiero mirar, en un próximo comentario, otras críticas que hace Ricardo. Pero hablaré primero de la relación que veo entre Roca, el pragmatismo y el naturalismo, para no dilatar más mi propuesta. La base de todo es la actitud light que a Ricardo le parece débil, pues es la que conecta las conclusiones anti-Filosóficas rortyanas con la despreocupación de Roca a la hora de hacer afirmaciones sobre la realidad y la verdad. Ambas cosas se fundamentan en una noción del conocimiento que no es representacionalista. Me gustaría defender que ésta es la mejor expresión del naturalismo.

Ricardo Pérez-Almonacid dijo...

Vale Carlos Mario!

Josep Roca i Balasch dijo...

Los comentarios de Ricardo y de Carlos M. le dan una dimensión filosófica definitiva a nuestro seminario. Valoro los conocimientos y la capacidad de Ricardo y la tarea heurística de encontrar sinergias entre distintos autores por parte de Carlos Mario, en esa dirección del pensamiento que llamamos naturalista.

Quiero añadir algunos comentarios que creo que pueden servir para contextuar su diálogo y el de todos los participantes.

Algunos autores consideran que Ramon Turró es uno de los primeros científicos que planteó la revisión y la crítica de conceptos y teorías filosóficas a partir de observaciones y experimentos científicos. Sus trabajos sobre el hambre, la selección de los alimentos y la actividad sensorial y perceptivo-motriz le permitieron criticar las nociones a priori de Kant y los supuestos innatistas de las capacidades mentales de algunas filosofías. Mi idea con el seminario fue el tratar de emular a Turró a partir del modelo de campo y de una radicalidad funcional en la definición de lo psíquico o mental.

A Turró le ocurrió algo que quizás puede volver a ocurrir aquí —salvando las distancias— y a cualquier planteamiento científico con trascendencia filosófica. Y es que en algunas valoraciones se argumentó que su aportación no cumplía con los métodos propios de la filosofía… Se podría interpretar como que aquel planteamiento era impertinente al discurso tradicional filosófico. O mejor dicho: que podía resultar incómodo al establishment filosófico. Pero la incomodidad teórica no es mala cosa, es más: puede ser indicio de novedad y de progreso conceptual.

Para mí, sin embrago, el tema fundamental es que el naturalismo se plantea como una alternativa al humanismo y al teísmo. Y se opone a ellos, en el sentido que pretenden superarlos ideológicamente. No se trata, por tanto, de contraponerlo a modelos o teorías filosóficas o de reducirlo a un mero planteamiento metodológico, aunque pueda comportarlo. Se trata de una ideología que define un eje fundamental de las culturas y no una simple teoría o modelo filosófico, científico o artístico.

Ferrater i Mora (1979), en su Diccionario de Filosofía, dice textualmente: «Dilthey estimaba que el materialismo (o “naturalismo”) es una verdadera concepción del mundo y no sólo una filosofía. Como concepción del mundo hay ciertos caracteres comunes a todo materialismo. Como filosofía, los caracteres propios del materialismo, o mejor dicho, de cada doctrina materialista, pueden ser distintos. En efecto, no es lo mismo el materialismo llamado “teórico” que el materialismo llamado “práctico”. No se equivalen siempre, aunque a menudo se superponen, el materialismo como doctrina y el materialismo como método. Hay además diversas formas de materialismo…

Atendiendo a lo dicho, entiendo que el naturalismo es una concepción del mundo que puede englobar diversos discursos teóricos y metodológicos pero que los asume en aras a formular su progreso. Lo que seguro que hay que añadir es que el naturalismo es una concepción del mundo que incorpora definitivamente la ciencia como una teoría definitoria propia. En este contexto, la ciencia psicológica está llamada a actuar como núcleo duro de esta concepción naturalista, por el simple hecho que ésta asume que la psique humana es el principio explicativo de toda concepción cognitiva.

Ricardo dijo...

Gracias por el comentario profesor Roca. El naturalismo como ideología redimensiona el diálogo. Ya veremos cómo avanza. Felices fiestas a todos.

Carlos Mario Cortés H. dijo...

El profesor Ricardo ha venido explorando qué significa para Roca ser naturalista. Así, de afirmaciones que incluyen expresiones como «ser naturalista es», concluye que Roca parece hablar no más que de alguna suerte de realismo. Por lo que, entiendo, no justifica caracterizar la propuesta como ‘naturalista’. Yo, por el contrario, encuentro varias razones a favor del término. Y digo ‘término’ y no ‘concepto’ porque algunas de ellas lo construyen como tal. Empiezo por éstas.

La propuesta de Roca es una Metafísica del Movimiento que define todo lo que hay —o su estructura— partiendo de postulados, el primero de los cuales dice que «la esencia de la naturaleza es el movimiento». Con ello señala la propiedad fundamental del todo que será definido con los demás postulados. Éstos buscan una caracterización exhaustiva de dicha propiedad asumiendo que, con ello, se explicará aquel todo: la naturaleza. Es decir, dicha metafísica es una explicación de la naturaleza. Luego, así como suele llamárseles naturalistas a los que estudian la naturaleza, entendida como plantas y animales silvestres, podemos llamarnos naturalistas los que estudiamos la naturaleza entendida como movimientos. Estamos plenamente justificados.

En conexión con esto está la interpretación del profesor Ricardo de que el naturalismo propuesto es «monismo de entidades y pluralismo de propiedades». Aunque esto puede no ser correcto dentro de aquella metafísica (e.g., podríamos hablar de 4 entidades: los 4 movimientos naturales), sirve para señalar un puente entre nuestra metafísica común de objetos espaciales y la metafísica del movimiento. Lo más obvio es llamar a estos objetos ‘las entidades’. Decirles ‘la mónada’ es decir que todo lo que hay es fundamentalmente espacial y que esto es ‘lo real’. Roca, entonces, abstrae de lo real su naturaleza multifuncional —el pluralismo de propiedades— para invertir la relación: lo fundamental es su naturaleza dinámica —o funcional— y los objetos espaciales son secundarios respecto de ella. En esa medida, somos naturalistas por atender a la naturaleza fundamental de lo real y, así, coronarla eje conceptual.

Ahora, en conexión con dicho monismo, está el repudio por los fantasmas injustificados que Alejandro acierta en atribuirnos a todos (aunque hay que ser cuidadosos con tal repudio pues puede terminar siendo el injustificado). Coincidimos en esto —supongo y espero— por un examen de la actividad lingüística (en términos intencionales, no conductuales) que incluye los términos fantasmagóricos reificados. Si esto es así, por lo menos en este punto compartimos lo que, en ‘Two Notions of Naturalism’, Huw Price llama Naturalismo del Sujeto. Una suerte de naturalismo que, en lugar de partir de la preocupación por las cosas y su existencia, parte de la naturalidad del hombre y todo su comportamiento para explicar los (malos) problemas de ontología que el realismo torpemente busca resolver. (En ese texto hay una versión del argumento que hace representacionalista al realista, ese que yo apenas mencioné. Hay otros argumentos en los textos de Davidson referidos.) Este punto de partida encarna también una característica general, explicitada por Price, del ser naturalista: la inclusión y asunción del conocimiento científico dentro de las discusiones filosóficas, específicamente en lo que al hombre respecta. Los comentarios de Roca sobre el lenguaje armonizan bastante bien con el Naturalismo del Sujeto. Y la naturaleza de las experiencias científicas que dan soporte a su metafísica resuena con aquella característica general que Price atribuye al naturalismo.

La exposición de Price, entonces, permite relacionar sin asperezas la Metafísica del Movimiento con el Naturalismo del Sujeto. De esto se podrían sacar con claridad las relaciones entre Rorty, Davidson y Roca que yo sostengo para descartar las atribuciones del profesor Ricardo. Pero esto necesita más elaboración. Por ahora, puedo afirmarlo con propiedad: Roca es naturalista.

Carlos Mario Cortés H. dijo...

He releído ya varias veces estos comentarios, especialmente los del profesor Ricardo, porque cada vez me resultan más patentes la seriedad y rigor con que los elaboró. Valorando esto es que he descartado ya varios intentos míos de respuesta. Mi impresión es que el profesor Ricardo se ha sentido decepcionado porque las reacciones que ha recibido parecen más rechazos generales que análisis, cuando sus intervenciones han sido siempre analíticas. En ellas hay interpretación, claro, pero cuando señala, por ejemplo, que 'realidad natural', según afirmaciones de Roca, vendría a ser algo exótico como 'extenso funcional' siento que su crítica no va por buen camino. Luego quisiera decirle que el purismo lógico no viene al caso. Pero con razón el puede objetar que no viene al caso imponerse sobre la manera de conducir una crítica, más cuando ha sido una crítica tan bien elaborada como la suya.

En el anterior comentario presenté, entonces, mi propuesta 'light' dando razones que avalan el apellido 'Naturalista' para 'Filosofía'. Son ideas generales sobre la realidad o la naturaleza y el hombre situado en ellas. Pero él, por ejemplo, diría de nuevo que «si realidad es materia extensa, y es el criterio último para poder afirmar la verdad de los juicios científicos, entonces sólo se podría decir algo certero de lo extenso y no de lo funcional, lo cual también sería una antítesis de su sistema» como si haber hablado de 'verdad' y de 'correspondencia con los hechos' determinara la epistemología defendida. Y acá es donde veo que su análisis se queda corto por no concederle ligereza lógica a estas expresiones. O más que esto, por no sacarlas del contexto filosófico tradicional e interpretarlas a la luz de la metafísica del movimiento donde, por supuesto, no tienen lugar. Filosofía y ciencia son lenguaje y lenguaje es—a nivel psíquico—reorganización asociativa de la actividad fisiológica en virtud de la funcionalidad convencional. ¿Correspondencia con la realidad? ¿Correspondencia de qué con qué? ¿Cuál realidad? Hablar de 'verdad' en términos de correspondencia es claro: la oración «el gato está sobre la mesa» es verdadera si y sólo si corresponde con el hecho de que el gato está sobre la mesa. ¿Cómo si no? La oración simple y llanamente corresponde con el hecho, es verdadera. Así lo reconocemos, desde mi mamá hasta el Santo Papa. Y dice Roca: «lo que importa es notar que, en el primer acto de reconocimiento de lo que quiero estudiar, ya uso palabras que requieren ser interpretadas más que tomadas en su sentido literal», entonces empieza la indagación: que es 'oración', qué es 'corresponder', qué es 'lenguaje', cómo se aprende el lenguaje, qué es 'aprender'. Y llegamos a que resulta no falsa pero inoportuna la noción de correspondencia. Hay que interpretar a cuento de qué la trae Roca. Ya lo dijo Alejandro: no creemos en fantasmas. Y aun así la psicología se ha visto bastante enredada con ellos. Pero también está la precisión de las medidas que indican 'más correspondencia'. ¿Por qué no? Si dibujo la oración «el gato está sobre la mesa» tendré una mejor representación si en la oración se explicita la postura y el lugar del gato. Algo semejante sucedería con los conceptos psicológicos.

Para Ricardo el asunto de la correspondencia es eje de las diferencias entre interconductistas, así, reintroduce su distinción congruencia-coherencia como alternativa a las teorías de la verdad. Podríamos entonces enfrentarlo con el razonamiento cartesiano que concluye que «veo» no es más que «pienso que veo» y ahí reducimos de nuevo todo el asunto a la coherencia (algo que Davidson asume y potencia). Sean hechos, sensaciones u oraciones, en últimas lo único que tenemos a la mano son pensamientos (actitudes proposicionales) entre los cuales no hay más que relaciones inferenciales. Pero la discusión filosófica por esta vía es inagotable. Sería interesante acoger la propuesta de pasar a discutir el asunto psicológico.

Carlos Mario Cortés H. dijo...

Quiero añadir un breve razonamiento que se me ocurrió hace poco.

Los distintos realismos difieren en que dicen que la realidad es así o asá, pero los une la creencia en que allá afuera está la realidad impávida, de una u otra manera. Estamos acostumbrados a pensar así y por eso no sorprende la expresión «allá afuera». Pero ¡¿afuera de dónde?! ¡¿Afuera de qué?! De la mente, sin lugar a dudas. Es por eso que afirmé que ser realista es ser representacionalista. Porque ¿de dónde viene la necesidad de afirmar la realidad como no sea de sentirla como algo ajeno que se nos escapa detrás del velo de las ideas, sensaciones o representaciones mentales? Somos naturalistas porque el único espíritu totalitario que nos permitimos albergar es éste: todo es natural. Por tanto, no hay ningún «afuera»; todo está dentro de la naturaleza. ¿Qué valor tendría, entonces, la necesidad de una estrategia argumental para afirmar la realidad? Ninguno, ya lo había dicho. En consecuencia, ningún valor tendría una teoría que hablara de cómo corresponder con aquélla.

Y de nuevo pregunto: ¿qué sentido de «corresponder» podemos emparentar inteligiblemente con el de «asociación de reacciones orgánicas» (a nivel psíquico) o con el de «relación entre asociaciones» (a nivel social)? La idea de «correspondencia» es diádica y demasiado simplista como para tener lugar en la versión de Roca del modelo de campo, i.e., en su Metafísica del Movimiento.

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