G. Ryle (1900-1976) publicó The concept of mind en London: Barnes and Noble (Harper and Row) en 1949. Una de las páginas más citadas es la que refiere la situación supuesta en la que un guía que muestra dónde están los distintos edificios de una universidad, es preguntado por uno de los visitantes sobre dónde está la universidad. La universidad, dice Ryle, no es una realidad que pueda decirse en términos corpóreos o extensos; es una realidad funcional que escapa y se vuelve inaccesible a los conceptos de extensión. En esto, está claro, coincide con Maimónides cuando decía que hay realidades que no pueden ser dichas con esos conceptos, aunque el común de la gente los necesite y los prefiera.
Esta página del libro de Ryle nos ha sugerido, a todos, que la psique debe ser abordada con conceptos equivalentes a los que permiten observar el funcionamiento de una universidad. Nos ha sugerido también que hablar de lo psíquico en términos corpóreos es espurio y ridículo. Claramente: decir que la mente está en la cabeza seria como decir que la universidad está en el rectorado. Y decir que la mente es un producto del cerebro seria tanto como decir que la universidad es producto del consejo rector.
Esto no debería ser inconveniente, sin embargo, para decir que yo puedo hablar de la universidad como una serie de edificios que ocupan una extensión en el territorio, a la vez que puedo hablar de la universidad como una organización para producir conocimiento, con un funcionamiento específico a tales efectos. Es decir, a mí, el texto de Ryle me ha servido también para reforzar la idea de que existen dos criterios —como mínimo— con los cuales puedo hablar de la realidad [énfasis del editor]: con el criterio de extensión, de un lado, y con el criterio de funcionalidad, movimiento o comportamiento, del otro. Los lenguajes organizados con estos dos criterios pueden coexistir pero, de hecho, constituyen concepciones distintas de las cosas, tanto a nivel concreto como a nivel más general. Así, si yo me pregunto desde una perspectiva ontológica, que es lo que mejor define la universidad, o cual es su esencia como objeto del conocimiento, dependiendo del criterio de habla, van a salir inevitablemente dos conclusiones. Con el criterio de extensión o corporeidad se tenderá a decir que la universidad es un sitio donde se produce conocimiento; al decir sitio o lugar, casa, recinto o complejo urbanístico, dejo la producción del conocimiento como algo indefinido y que fácilmente puedo describir como capacidad o potencialidad que tiene en su interior la universidad y que es claramente una cosa distinta a los edificios y a todos los elementos del recinto. Así debió de proceder Descartes cuando decía que el hombre era una 'cosa extensa' y, a la vez, una 'cosa pensante'.
Con el criterio de movimiento o funcionalidad, la universidad se definiría directamente como una forma de organización social que produce conocimiento. Su esencia es ésta, es real y aprensible. No cabe, en este caso, suponer realidades espectrales para explicar lo que hace o produce.
En el póster Psychological criteria, categories and concepts se muestra cómo pueden coexistir estos dos lenguajes en la ciencia psicológica, pero a la vez muestra que uno debe asumir las consecuencias de hablar en estos dos lenguajes y las 'cruzas de especie' que se hacen creando confusión. Que existen estos dos lenguajes no debería cuestionarse. Es más, la cultura y la misma ciencia admiten esas dos maneras de hablar. El primer lenguaje, el basado en el criterio de extensión, es el lenguaje ordinario y el científico descriptivo y tecnológico. El segundo lenguaje, el de movimiento, es el que asume o debería asumir, la ciencia funcional.
Interesa destacar, en todo caso, la crítica de Ryle a la realidad de doble fondo a la que nos abocaron Descartes, con su idea de que lo mental era lo que producía el hablar inteligente, o Kant, en el caso del concepto de noúmeno, con su idea de que existía una entidad conocedora previa y ajena a la experiencia sensible. Decía Ryle: «cuando describimos a la gente ejerciendo cualidades de la mente, no estamos haciendo referencia a episodios ocultos de los cuales son efectos los actos o expresiones vistas, estamos haciendo referencia a estos actos y expresiones en ellas mismas» (p. 25, de la obra citada más arriba).
No creo que haya ninguna duda respecto del planteamiento de que la inteligencia —que es el acto de entender— no es algo que esté detrás del hablar sino que es el mismo hablar, siendo inteligente en mayor o menor grado. Dicho en otras palabras: este libro de Ryle es una de las obras que nos dice que naturalismo es estudiar el lenguaje y el habla, y que es absurdo pensar que llegaremos a la inteligencia hurgando en un más allá oculto, interno, previo a ese mismo lenguaje social y habla individual.
Ryle se centra en la inteligencia y en el entendimiento humano pero los fenómenos a los que potencialmente puede llegar su discurso son más amplios; son todos los fenómenos psíquicos. Por ejemplo, en el tema de la percepción, se ha especulado sobre una entidad que analiza y procesa los datos sensoriales o se ha dicho que el cerebro mismo lo realiza y surge —como un producto espiritual de ese órgano— la percepción. Lo que se ha llegado a decir en psicología de la percepción en este sentido ha llegado a niveles de formulación espiritista tales que ya no vale la pena ni citar. Nos resulta ahora más propio y adecuado el pensar que el fenómeno a analizar es el percibir, que eso es lo que hay y que está ahí como algo mucho más real que las entidades y procesos que se supone que lo producen. Lo único que hace falta es adoptar un criterio funcional para explicar la percepción. Eso es lo que debe hacer la psicología científica. Si lo hace, las consecuencias para la filosofía y la cultura, en general, serán relevantes.
A Ryle, le tildaron de conductista por decir cosas como las que acabo de referir. No es un mal calificativo. De hecho, le sitúa en este frente naturalista que ha habido a lo largo de la historia y, concretamente, en el del siglo XX al lado de Pavlov y seguidores, y al lado de los psicólogos conductistas.
Josep Roca i Balasch
Bibliografía
+ Roca, J. Psychological criteria, categories and concepts. En línea: Liceu Psicològic
+ Ryle, G. (1949) The concept of mind. London: Barnes and Noble (Harper and Row).
+ Roca, J. Psychological criteria, categories and concepts. En línea: Liceu Psicològic
+ Ryle, G. (1949) The concept of mind. London: Barnes and Noble (Harper and Row).
12 comentarios:
Soy estudiante de filosofía y en estos momentos estoy estudiando el cap. 1 del Concepto de lo mental.
Esta publicación me ayudó mucho, es una reseña muy clara de la critica al dualismo cartesiano.
Saludos, y gracias a la gente que publica estas cosas.
El análisis que busca la pulcritud conceptual cuando se habla de fenómenos psicológicos o conciencia, debe ser profundo, y Ryle dió un paso muy importante para constituir lo que podemos llamar el conductismo lógico. El conductismo lógico busca precisamente este análisis del lenguaje con el que definimos los conceptos psicológicos.
De los "huesos para afuera", los fenómenos psicológicos denotados por el lenguaje popular -psicología popular- con palabras como intención, deseo, conciencia de, percepción de, comprensión de, pensamiento, idea, sentimiento etc. son palabras que denotan una interacción entre una situación particular, un personaje particular que está en dicho evento psicológico y el objeto o situación que es percibido, pensado, o al cual se dirige la intención. Creer que siempre hay "algo" que es denotado por palabras nos lleva a la indefinición conceptual; realmente hay muchas palabras que denotan procesos y no "cosas".
Hay muchas maneras de hablar y a nivel psicológico hay que ser preciso con el lenguaje que se habla y no mezclar categorías. Los neurocientíficos por ejemplo buscan los correlatos QUE PERMITEN la conciencia de si mismo, la percepción, etc. Pero no podrían mezclar categorías al decir que el cerebro es consciente de, pues en realidad es como buscar los caballos de fuerza al abrir el capó del carro.
Por otro lado los científicos cognitivos mezclan categorías al tratar de construir explicaciones que aplican a sistemas de cognición como ordenadores y la "mente". Esto es un error categorial pues el cerebro no es un sistema que "represente" o "conecte" o "mapee" ni la mente, una cosa que haga este tipo de cosas tampoco. El funcionalismo habla de que el sistema nervioso no puede por si solo explicar los estados mentales en su totalidad, pues un estado cerebral no solo puede producir el estado mental A sino el B y el C y decir que el primero es causa suficiente de aólo uno de los segundos, o que alguno de los segundos es consecuencia única del primero, es caer en una falacia por afirmación del consecuente. Decir que estornudo porque tengo gripa no es igual a decir que tengo gripa porque estornudo. Los procesos mentales se aplican a un todo.
Los fenómenos mentales denotan ciertas cosas y ciertos eventos, que se dan en el universo, sea cual sea el lugar si este evento es visto por nosotros, y por eso es igual decir que el computador piensa en algo cuando se demora en dar una respuesta, sin embargo es igual la confusion que existe cuando dilatamos el problema constuyendo sistemas de explicación que inferimos y aplicamos a "sistemas de cognición". Las palabras mentales denotan eventos en el ambiente, y no "cosas" en la cabeza de alguien. Nadie niega igual que tanto la neurociencia como el conductismo lógico los estudian desde afuera, y que "pensar en", "ser consciente de" e "imaginar x" también son cosas distintas en la fenomenología del sujeto que experimenta estas cosas en el espacio y tiempo reales. Sin embargo sigue siendo una confusión de categorías mezclar cualquiera de las tres explicaciones, la fenomenología subjetiva, la investigación neurocientífica, y el análisis contextual y del lenguaje propios del conductismo lógico.
Como vemos, el problema es grande y todo esto pertenece a la filosofía de la mente. No olvidemos, el conductismo lógico es una filosofía de la mente, necesaria para la aplicación de un lenguaje autónomo y propio de la psicología ya sea el conductismo metodológico o el interconductismo.
El comentario de Andrés Segovia al apartado sobre Ryle muestra una preocupación por el acotamiento temático y, particularmente, por la pertenencia filosófica de determinados planteamientos.
Este seminario se ha planteado como un diálogo interprofesional en la que, explícitamente, filósofos y psicólogos están invitados ya que los temas conllevan posicionamientos e historias de pensamiento que les implican.
Ahora bien, los temas que se deben abordar —en lo que pensamos que es el progreso del conocimiento— son temas que pueden haber sido compartidos por distintas tradiciones académicas y, en ningún caso, deben ser definidos como propiedad privada de un colectivo en concreto.
En todo caso, entiendo que es evidente que temas que en su día fueron temas de la filosofía como la definición de los elementos materiales de la naturaleza, son ahora temas de la física y la química y ningún filósofo habla sobre ello sin saber de estas ciencias. Igual cuando la filosofía racionalista hablaba de “espíritus animales” para explicar funciones orgánicas, hablaba de temas de los que ahora no se atrevería a hablar sin conocer los planteamientos de la fisiología humana y de la biología en general.
Mi idea al plantear este seminario es que la filosofía deberá de conocer la psicología para hablar de temas de los que también ha hablado y mucho, pero de los que ya no podrá hablar con propiedad si no tiene en cuenta los planteamientos de una psicología definida como ciencia natural. Podrá haber coincidencias y sinergias entre planteamientos filosóficos y psicológicos —como los ha habido en relación a la física y la biología— pero el tema es que la psicologia está llamada a proporcionar contenidos científicos inevitables para la filosofía.
Las aportaciones de filosofos como Ryle, Wittgenstein y Turbayne son importantes para una ciencia psicológica. El analisis del lenguaje es una herramienta filosofica relevante para cualquier ciencia. Permite la claridad conceptual y delimita categorialmente los eventos de la naturaleza.
No obstante, en la actualidad, buena parte de la psicología cognoscitiva (los llamados mentalistas) se inclina por un dualismo de propiedades, como alternativa al dualismo de sustancias. "Existe una sola sustancia". Por así decirlo, son monistas: en ultima instancia todo lo que existe tiene una base material.
Como señala Mario Bunge " la mente es el cerebro en funcionamiento". para este filosofo, "la mente es una propiedad emergente" que no puede ser reducida a sus constituyentes por separado. No comparto la opinion de este filosofo, sin embargo claramente es monista.
Tomando algunas palabras de Ryle, ningun filosofo medianamente informado diría que hay dos sutancias, una física-material y otra mental-inmaterial. Igualmente, ningun joven medianamente "listo" buscaria "algo" llamado universidad, que fuera distinto a las clases, examenes, conferencias, catedras, tesis; profesores, alumnos; bibliotecas, salones, salas etc. Por supuesto, no podemos decir que un edificio de salones es la universidad, tampoco que el profesor lo es.
Cabe preguntarse si el análisis que muestra el error categorial que heredo Descartes a la psicología, es vigente en nuestro días.
Considero que el problema con los conceptos de la psicología cognoscitiva moderna, tiene que ver más con su forma de proceder. Como infieren procesos que supuestamente median las relaciones entre el ambiente y la actividad del organismo. Hay circularidad en su razonamiento.
Agradeceré un comentario sobre el dualismo de propiedades.
Saludos, Luis Daniel Ibarra Salaices
Con respecto a la relación que tiene la filosofía con otras ciencias, en realidad surge una inquietud evidente y es el hecho de que, en sí, el pensamiento de varias ciencias, incluso las formales -a través de la lógica- sigue siendo filosofía y hablar de filosofía y las demás ciencias, sería hablar "a nivel de los hombres y de los gordos"; sin embargo, la filosofía del lenguaje en un único caso, es la base y articulación de toda rama del conocimiento, no estoy diciendo aquí, que la pulcritud conceptual sea una condición sine qua non para el desarrollo de una ciencia psicológica por ejemplo, o una ciencia del cerebro porque no estoy de acuerdo, como señalan Peter Hacker y Maxwell Bennett, que haya que sustituir las explicaciones en neurociencia actual porque afirman ciertas cosas tales como, "el cerebro percibe", las neuronas de la corteza visual "observan los objetos y permiten la unificación posterior", o cosas de este estilo. Demandar la indigencia conceptual de cosas como estas siguiendo a Wittgenstein cuando decía que "lo que es aplicable al todo no puede ser aplicado a las partes", es una cuestión más lógica, es una mezcla de categorías mayor.
Por ejemplo, y respondiendo un poco a lo que indaga Luís Daniel, creo que el análisis del lenguaje que busca la erradicación de errores categoriales es vigente en nuestros días; yo diría que sí, pues este análisis es el que aún permite que a nivel de DISCIPLINAS, es decir a nivel TEÓRICO, no existan confusiones entre las personas, y pondré el ejemplo de Patricia Churchland. Ella afirma en su artículo "hacia una neurobiología de la mente", que el análisis del lenguaje ya no sirve en absoluto y que es pretensioso creer que éste pueda marcar el desarrollo de las ciencias. Yo no estoy de acuerdo con el criterio de verdad o de falsedad y me parece inoportuno para exponer la historia de las ciencias o su evolución, porque creo que lo que alguna vez fué cierto hoy no lo es porque se han hecho evidentes los detalles y no es lógico mezclar explicaciones actuales con antiguas o con anteriores conceptos sabiendo que una nueva interpretación lo hace imposible, lo anterior se vuelve espurio porque exponerlo en el contexto actual se vuelve una mezcla de categorías innecesaria, una mezcla de categorías de descripción; sin embargo, el hecho de que estas propuestas fueran aceptadas en dicho momento, respondía a las necesidades de la humanidad en su momento, y eran la explicación cómoda para las personas en ese mundo posible. Era el lenguaje apropiado, por ejemplo las teorías del éter o el flogisto.
Churchland mezcla categorías al decir que la conciencia es el cerebro y nada más, y no se da cuenta del sencillo pero claro error de definición que tiene: el cerebro produce la conciencia, la permite, pero el cerebro no es la conciencia, ni mucho menos el cerebro es consciente. La conciencia es una palabra que me denota, como dije en el anterior comentario por lo menos tres posibilidades, a saber:
- Una Palabra que me refiere a una interacción, es decir un evento psicológico en el cual un organismo es CONSCIENTE DE, cierta cosa
- Un movimiento, funcionamiento o mecanismo cerebral
- La experiencia, la fenomenología, lo cualitativo y subjetivo
[Continúa]
Mezclar cualquiera de estas tres categorías sería inoficioso y es evidente el por qué. Churchland dice que esto, no tiene razón de ser. La experiencia cualitativa de la conciencia -y los demás procesos psicológicos porque todos comparten estas tres categorías de explicación-, es un evento como dice Searle, que ocurre en el mundo y el espacio real, por lo cual es un evento físico que ocurre desde luego en el cerebro, pasamos a la categoría dos. La conciencia se produce por un correlato neurofisiológico, pero desde luego este correlato no es la conciencia ni "es consciente". Por otro lado, la primer afirmación es quizás la acertada, porque como ya venimos diciendo, la misma diferencia entre categorías es la diferencia en el Significado de la palabra. La definición de la conciencia o cualquier proceso psicológico como una palabra que denota algo, es el acercamiento más profunodo hacia la ontología real del proceso o el concepto.
El dualismo de propiedades, en cierta manera es una excusa de algunos movimientos cognitivos, para crear modelos de explicación que aplican a sistemas cognitivos -ordenadores, organismos- pero que a mi parecer, tienen un problema y es que no son universales. El concepto de representación mental, sistema de representación etc, nutre teorías que en caso de encontrarme con un ser de otro planeta, serían difícil aplicar, sabiendo que éste puede demostrarme apenas que puede ser consciente de alguna cosa, pero yo solo puedo saberlo cuando observo el evento que me permite utilizar el concepto en aquel momento e interacción dada.
Hola a todos. Les comento que he estado reflexionando un poco acerca del libro de Ryle, El concepto de lo mental, y he de compartir con ustedes algunas inquietudes que tengo y considero que serían pertinentes discutir. Puntualizare mis dos puntos que tengo hasta ahora:
1. Si bien, en la obra de Ryle se pueden deducir que existen mínimo dos criterios para la existencia de algo en la realidad (tiempo y espacio). Sin duda, estas dos categorías tiene una fuerte influencia de la física mecanicista. Me pregunto qué tan justificable sería usar estas categorías que son propiamente de otra disciplina, la física, para dar validez a fenómenos que son cualitativamente distintos y que tienen otro sentido a los de la Psicología.
2. El argumento principal que se sostiene en toda la obra se basa en el error categorial. Al pensar al respecto me preguntaba qué era una categoría. Resulta ser obvio que “categoría” es distinto en Aristóteles y en Kant, por ejemplo. ¿Cuál sería el criterio para justificar una categoría es no pertenece a otro y sea pertinente hablar de “error categorial”? , ¿Qué es lo que hace que una categoría sea categoría y así pueda identificarse cuando se está cometiendo un errar categorial? Creo que no es algo que este claro.
Espero ser claro al respecto. Saludos a todos.
A raíz del comentario de Mauricio Ortega y de las dos cuestiones que plantea, hago las siguientes consideraciones.
En los planteamientos de este seminario he expresado que hay tres tipos de conceptos que nos permiten abordar cognitivamente lo psicológico y toda la realidad en general. Son el criterio, la categoría y el concepto.
El “criterio” hace referencia al tipo de lenguaje —y el habla— que utilizo para aquel abordaje o construcción de conocimiento. El primer criterio, que es el del lenguaje ordinario, es el de extensión y es el que se formula en términos de lo que ocupa espacio —las cosas, los cuerpos, los sujetos—, sus acciones, sus capacidades, sus estados y sus disposiciones . El criterio de funcionalidad —movimiento o comportamiento— es el que se formula en términos de las causas como relaciones que animan aquellas cosas, cuerpos o sujetos con todas sus atribuciones.
La “categoría” hace referencia al concepto más general que se usa dentro de un criterio. Con el criterio de extensión, son categorías: Acción, Efecto, Proceso, Estado, Disposición y otros. Con el criterio de funcionalidad y en nuestro planteamiento, hay una sola categoría que es Causa, definida como Relación Funcional.
El “concepto” hace referencia a una noción más concreta dentro de una categoría. Así, por ejemplo, dentro de la categoría de Acción, puedo situar Anticipación o Volición y dentro de la categoría de Proceso, puedo situar Aprendizaje o Desarrollo. Pero, dentro de la categoría de causa, puedo situar Formal, Final, Material, Factor o Determinante.
Este ha sido el planteamiento con el que construí un poster que titulé precisamente “Criterios, categorías y conceptos psicológicos”.
En este contexto, preguntas como la referida por Mauricio Ortega sobre la justificación de lo existente, deben hacerse atendiendo ante todo al criterio que adoptan para hacerla. Por eso, en este apartado 3.1, hago énfasis en la existencia de aquellos dos lenguajes en la cultura psicológica y en la general. Está claro, en todo caso, que con el criterio de funcionalidad puedo abordar de forma adecuada la psique y en cambio con el de extensión se crea un problema irresoluble. Y que esto sucede igual cuando tomo la vida como algo tangible o lo físico como lo corpóreo.
Por último decir que el error “categorial” puede ser triple: puede ser por criterio, por categoría o por concepto, dependiendo de que en un discurso se hable con un criterio de algo que debería hablarse con otro; de una categoría donde correspondería otra, o de un concepto que tiene sentido en una categoría utilizándolo en otra.
Con respecto a los utimos comentarios sobre criterios, categorias y conceptos creo pertinente enfatizar el que tanto tanto las categorías y los conceptos no describen fenómenos psicológicos, no constituyen eventos psicológicos. Son entidades linguisticas que como todas la demás, influyen en los fenómenos relativos al comportamiento. Las palabras no son abstractas en sí mismas, lo pueden ser dependiendo del criterio que satsface su uso. En esta lógica, una palabra puede ser un concepto sólo cuando se usa de forma no particularizada, además de que el concepto, cuando es tal,no se identifica con una palabra sino con un criterio de ajuste del comportamiento respecto de los acontecimientos, es decir, un concepto como descriptor funcional de una categoria dirige el comportamiento en una situación determinada. Con respecto a los comentarios sobre tiempo y espacio (por Mauricio Ortega)debe entenderse que la física como ciencia primera de lo real fue la que determino las coordenadas de tiempo y espacio como dimensiones d elo natural. Sin embargo, debe entenderse que tiempo y espacio no son propiedades de la realidad, son categorías para analizarla. De ahi que la dificultad esta en separar las propiedades lógicas de las categorías físicas de tiempo y espacio de las propiedades lógicas del tiempo y el espacio psicológico. Lo cual de entrada es posible se deja de pensar en términos dualistas y mecanicistas ya que éstos sólo alimentan la perspectiva física de tiempo y espacio. Emilio Ribes retoma estas cuestiones en su ultima obra donde reune diferentes articulos publicados en diversas fuentes, el libro es Teoría de la conducta 2, de editorial Trillas, lo recomiendo para tener más referencias que enriquezcan la discusión.
(Universidad de Sonora)
En lo que toca a la cuestión de los criterios con que se construye el lenguaje psicológico, hay una cuestión que, me parece, es digna de discutirse; se trata del uso de la primera persona o de la tercera persona en la descripción (explicación del comportamiento). No parece haber ciencia psicológica posible si la descripción se hace en términos de la primera persona (yo pienso, yo siento, etc.). Es indudable que las personas sienten o piensan, pero tal comportamiento no es observable por terceros; el único modo en que puedo estudia lo psicológico científicamente es cuando puedo observar lo que otros hacen o dicen, pero cuando yo pienso o siento no hay un comportamiento ostensible que observar y del cual inferir científicamente lo psicológico. ¿Cómo se aborda desde la propuesta de Roca ! esto a lo que podríamos llamar la psicología en primera persona? Lo que lleva, por otro lado, a preguntar cómo se discute otro problema clásico que es el de los "datos primarios dela conciencia".
Estimado Jorge Borja, sin duda el tema que tocas es uno de los más delicados y problemáticos en los que se ha visto envuelta la psicología. El problema que planteas nos remite, creo yo, directamente al problema acerca de los usos del “yo” (como objeto o como sujeto) lo cual ha generado confusiones en la construcción del lenguaje psicológico.
Me gustaría hacer una precisión antes de darnos a la tarea de de ver cómo la propuesta del profesor Roca aborda dicha problemática. Mencionas: “cuando yo pienso o siento no hay un comportamiento ostensible que observar y del cual inferir científicamente lo psicológico”, sin embargo, habría que aclarar que si bien es cierto que no es ostensible, también es cierto que el pensar y el sentir siempre ocurre como conducta, por ejemplo, yo puedo pensar en algo y hablar o escribir cosas de ese algo. Cuando hablo o escribo de ese algo que pienso no estaría haciendo con cosas distintas, es decir, pienso hablando o pienso escribiendo. En este caso, creo, que puede ser ostensible el comportamiento de pensar.
Jorge Borja, el tema del “yo” es igual que el tema del “el”. En ambos casos se parte de una entidad espacialmente definida para analizar temas que son funcionales y que no precisan para nada de aquellos dos conceptos. Piensa en la fisiología sensorial, el fisiólogo que estudia la reactividad sensorial no tiene en cuenta si la reactividad es de su ojo o del ojo de otro. Estudia en funcionalismo reactivo visual o auditivo u otro sentido y plantea una explicación de ese funcionalismo, de su variación en cuanto a la agudeza y la latencia reactiva y en cuanto a los determinantes que pueden explicar fenómenos concretos y también patologías. La psicología debe de hacer igual: explicar la conducta como funcionalidad y con conceptos desligados de criterios espaciales o del lenguaje ordinario que siempre identifican la “persona” que actúa.
Para el tema de “los datos primarios de la conciencia”, yo creo que la clave está en entender que pensar es hablar y que cuando yo pienso no hago funcionalmente algo distinto a cuando hablo. Puede haber diferencias morfológicas pero no funcionales. Este es un tema en el que muchos autores han incidido, como el mismo Skinner en el Verbal Behavior, y del que se hace eco Mauricio en su comentario. Para un debate mas profundo puede ser útil el planteamiento que hago en este mismo seminario sobre el habla y el lenguaje y también todo lo referido al entendimiento como concepto fundamental de la psicología.
Ya sé que Sonora está muy lejos del estado de Morelos pero voy a estar ahí la semana que viene hablando precisamente de entendimiento y de la irrelevancia funcional de la distinción público-privado. El contacto es Alejandro León del Grupo T de Psicología interconductual de la UNAM…
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